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23 agosto, 2017

Serían transgénicos la amenaza en la revisión del TLCAN

México.- Terminó la primera ronda de negociaciones para la modernización del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y se mantiene la incertidumbre. Y aunque hasta ahora se destacan coincidencias entre representantes de México, Estados Unidos y Canadá, en el sentido de que todo favorece por mantener el TLCAN agropecuario, expertos en el tema recomiendan al gobierno mexicano tener cuidado cuando llegue el momento de discutir lo referente a los organismos genéticamente modificados, mejor conocidos como transgénicos.

Se habla también de que se acelerarán los trabajos con el objetivo de contar con algo para principios de 2018, lo que está por verse. En lo que no hay duda es en el hecho de que dos de las tres administraciones llegan a la negociación con bajos niveles de aprobación presidencial –Enrique Peña Nieto y Donald Trump— o con tendencia a la baja.  

Eso es lo que nos dice Itzkuauhtli Zamora Sáenz, en su estudio La Opinión Pública frente al TLCAN, contenido en el Visor Ciudadano, No. 54, del Instituto Belisario Domínguez que pertenece al Senado de la República, con la aclaración de que el documento no refleja la postura legislativa, aunque sí se reconoce el valor de los estudios.

El que se cita es importante por la coyuntura incierta en las relaciones políticas y comerciales de la región, porque aclara que la revisión del TLCAN no es una acción arbitraria de la administración Trump ya que está contemplada en el artículo 2202 del acuerdo e informa de una consulta nacional y de encuestas en el país en las que se destaca que el 59 % de los encuestados manifiestan preocupación.

Pero el trabajo refiere además la consideración de expertos en los temas imprescindibles en la renegociación y hasta lanzan consejos o advertencias a los responsables del equipo mexicano. Es el caso del doctor Rafael Pérez Miranda, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, quien se refiere a los capítulos sobre inversión y sobre propiedad intelectual.

Aquí es cuando se habla del riesgo para el campo mexicano. Sostiene el académico que México no se debe comprometer a adherir el Acta de 1991 porque “se afectaría a los pequeños y medianos campesinos que vuelven a sembrar las semillas que cosechan y promueven la biodiversidad de vegetales intercambiando las mismas con otros productores.

Resulta que el acta UPOV 1991 acepta, por otra parte, la doble protección de las plantas como nuevas variedades vegetales y como inventos patentables, lo que afectaría a la agricultura mexicana en general. Esto es –dice el autor–, se debe impedir que bajo la exigencia de pruebas científicas se alteren los principios de prevención y precaución reconocidos en el Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad de los Organismos Vivos Modificados reglamentario de la Convención de Diversidad Biológica.

La exigencia mencionada “permitiría el patentamiento de semillas transgénicas y la exigencia de prueba científica, anulando el principio precautorio, lo que sólo beneficia a Monsanto, Bayer, Dupont y Syngenta, que controlan más de la mitad del mercado internacional de semillas y más del 90 por ciento de las semillas transgénicas”.

Otra investigadora, la doctora Alicia Puyana Mutis, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede México, considera que el riesgo más grande que enfrenta México en esta etapa de renegociación del TLCAN es la incertidumbre y la falta de definición del señor Trump. Es el carácter de él y su actitud hacia nuestro país.

Esta postura, describe, ha sido peyorativa, insultante, incluso bajo premisas falsas. Por ejemplo, que Estados Unidos es la víctima de los acuerdos comerciales, especialmente del TLCAN. Ha dicho que los socios de los acuerdos comerciales son depredadores –hay que acordarse de su mensaje inaugural como presidente– y causa del malestar y de la violencia de la sociedad.

Esto es mentira, afirma la investigadora que menciona la existencia de varios estudios sobre el TLCAN que apuntan exactamente a lo contrario: no ha sido EE.UU. el perjudicado, en todo caso México ha tenido pocos beneficios o estos se han concentrado en unos pocos sectores industriales, especialmente en aquellos que tienen una inversión extranjera fuerte, que son intensivas en capital foráneo y en alta tecnología.

Alicia Puyana es de la opinión de que las negociaciones deben primero plantear cuál es el interés nacional, cómo queremos que se desarrolle México, con qué tipo de empleo, con qué tipo de organización y solidaridad social; y después ver los acuerdos comerciales cómo encuadran en esa satisfacción del interés nacional. Primero hay que resolver estos puntos, y con base en ello, definir el TLCAN que queremos. No al contrario, subraya.

De acuerdo con el secretario de Economía, Idelfonso Guajardo, las tres áreas de preocupación por la parte mexicana tienen que ver con la pretensión estadounidense de revertir el déficit de su balanza comercial con México; suprimir el Capítulo 19 relacionado a la solución de controversias entre los países que conforman el TLCAN; e introducir salvaguardas para la protección de las empresas en la región.

En este marco es que se pidió la opinión de cinco expertos en Relaciones Internacionales, de los que se han citado dos. Agregamos a Fernando González-Rojas, director of Graduate Programs in Law Tecnológico de Monterrey, quien asegura que esos temas no son preocupantes y que México puede salir airoso con la existencia de alternativas. En todo caso, EE.UU. se haría igualmente daño. Para el investigador, el peligro está en cambiar las reglas de origen del TLCAN, pues se perdería la posición privilegiada del país mexicano.

En fin, Itzkuauhtli Zamora Saenz –doctor de investigación en Ciencias Sociales, licenciado en Sociología y Maestro en Antropología, ambos por la UNAM– advierte que la cantidad de temas económicos, políticos y sociales involucrados en el TLCAN convierte su renegociación en un proceso de enorme complejidad. No obstante, su actualización representa al mismo tiempo una gran oportunidad para que la región alcance un mejor acuerdo comercial que haga más visible y palpable los beneficios a la mayoría de la población.

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